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domingo, 2 de diciembre de 2012

Todos los terrores REALES del Mundo: CASO MINERVA


Este artículo es exclusivo de @el_rasurador, las opiniones vertidas en él eximen de cualquier responsabilidad a este blog y sus otros participantes.
Hola Amiguitos, me llamo Lolo aunque la mayoría de la gente me llama Lelo. Nací con una discapacidad que se va acrecentando con los años. Mi discapacidad es no entender este mundo ni la ineptitud de aquellos que han escrito las leyes ni aquellos que dicen gobernarnos. Por eso soy “Lelo”.
Tengo muchos amiguitos, pero a muchos no los conozco, sólo los veo en eso que llaman televisión. Hoy me he hecho amigo de una niña, se llama Minerva. Aunque ya es una mamá, sigue siendo una niña, sólo tiene 26 años. Y además, como ya he dicho, es mamá de un niño de cuatro años.
No entiendo nada, por eso soy lelo. Minerva es española y ahora esta en una cárcel de Alemania, separada de su hijo, y el hijo esta con un alemán (su padre) que supuestamente insultaba y maltrataba psicológicamente a Minerva.
Pues eso, soy lelo y no entiendo nada. ¿Cómo se ha llegado a esta situación tan sorprendente? ¿Ya nadie nos protege?, si alguna vez alguien enarbolo la justicia como nuestra protectora se hace evidente que en los últimos años sólo protege a los que saben utilizarla.
Minerva conoce a un alemán, se enamora de él y se va a vivir a Alemania. Alemania y España son europeas, se supone que Europa es una, construida por unos pocos para eliminar fronteras, favorecer el desarrollo etc. ¿Es casualidad que sea Alemania la que quiere extraditar a una ciudadana española? ¿Es casualidad que sea Alemania la que quiere tener toda la soberanía del Reino de Europa la que echa un pulso a la justicia española y gana la extradición sin apenas obtener resistencia?
Minerva esta cansada del maltrato por parte de su pareja Alemana y como le cuesta un poco hablar el idioma alemán se va al consulado español a pedir ayuda. En el consulado la aconsejan que salga del país con su hijo de cuatro años y denuncie al alemán en los juzgados españoles. El consulado le otorga un salvoconducto ya que el papá alemán del niño de cuatro años ha ocultado a Minerva toda su documentación. En algunos medios de comunicación hablan del pasaporte, ¿se necesita un pasaporte para viajar por Europa? Yo soy Lelo, pero supongo que se referirán al DNI, ya que el pasaporte no es necesario, Europa somos UNO para favorecernos y ayudarnos entre todos y para viajar sin fronteras.
Minerva llega a España con su hijo, se empadronan, le matricula en un colegio y denuncia al ciudadano alemán. Su país se ha portado muy bien con ella, el consulado español ha conseguido que vuelva a España, que rehaga su vida lejos del que “supuestamente” le estaba convirtiendo su vida en un infierno.
Ese ciudadano alemán desde Alemania denuncia a Minerva, afirma frente a su justicia que esa niña de 26 años ha secuestrado a su hijo. Alemania, de nuevo, levanta su mano, señala a Minerva… es nuestra. Alemania levanta el dedo y España agacha la cabeza, nuevamente.
España fue la que entregó un salvoconducto a Minerva para que volviera a España, ¿Se ha opuesto a una decisión despótica de Alemania? ¿España ha dicho, mi ciudadana se queda en su país junto a su hijo hasta que se aclare judicialmente los hechos?
España ha mandado a Minerva a una cárcel Alemana, y devuelto a un niño de cuatro años a los brazos de un “supuesto” maltratador.
El abogado de Minerva dice que ella debía haber denunciado el “maltrato” en una comisaría Alemana. Pero el consejo que le dio un consulado español es que se fuera del país y regresara al suyo de origen. País de origen que se ha lavado las manos y no ha intentado arreglar el mal consejo o error que ha cometido.
Como soy Lelo, mi opinión no importa.
Querida Minerva. Siento mucho que tu corazón se clavara por las flechas de ese muchacho alemán. Siento mucho que las mujeres aún tengan miedo de algunos hombres y siento que algunos hombres sean capaces de hacer daño a las mujeres o a cualquier ser vivo bonito como tú. Siento que dejaras en mano de un consulado la huida del infierno y que sea la justicia de tu propio país el que te haya enviado a un nuevo infierno. Siento que tú país tenga miedo a la soberanía Alemana. Y siento por encima de todas las cosas, que no puedas despertar junto a tu niño, que no puedas darle un beso de buenos días y no puedas escucharle cada noche un… te quiero mamá.
Buenas noches Minerva, espero que todo se solucione y junto a tu niño duermas bien sin temor a despertar.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

TODOS LOS TERRORES DEL MUNDO

 EPISODIO 1. ABRAM

En un agujero creado por el hombre. Un agujero de barro y suelo de heces donde el hombre oculta al hombre. Empujado, arrastrado hasta el fondo en contra de su voluntad yacía moribundo Abram, hijo de Jacob. Su delito, vender a un seglar leche en mal estado. Leche de sus propias ovejas. Antes de aquel día también su mujer se encargaba de ordeñarlas, pero ahora que en su vientre llevaba a su hija, Abram no permitía que se acercara a esos animales que podían portar enfermedades.

Una mañana, aun cuando el sol no asomaba por encima de montañas encrespadas, se desplazaron hasta el bait de Abram dos guardias del templo. Sin pronunciar acaso palabra, un guardia enlazó el cuello de Abram a una cuerda mugrosa por el uso y a rastras, ellos montaban caballos, le llevaron hasta la zona del ajusticiamiento. Allí les esperaba el seglar del Sanedrín. “Casi muero por vuestra leche”, fue el propio seglar, con sandalia de cuero, quien empujó al interior del foso al pobre Abram que aún pensaba que dormía en su lecho maldecido por una pesadilla.

Habían pasado dos días desde que la vida de Abram se convirtiera en un excremento más en el foso donde los saduceos vertían sus propias inmundicias. Se aferraba al recuerdo de aquellos días no tan lejanos, cuando vivía con su mujer, en la casa que él junto a sus hermanos habían excavado en la piedra. Como se enamoró de esa piel oscura y esa mirada profunda de noche cerrada que le regalaba su mujer cada mañana al despertar. Ya no conocería a su hija. Su mujer, una noche en que abrazados miraban hacía un cielo iluminado, le dijo muy convincente que iba a traer a este mundo a su niña, y él confiando en su palabra ya no dudaba que iba a ser padre de una hija, Diamant Bat Abram, así se haría llamar y respetar, Diamant hija de Abram.

En lo alto del foso, en la orilla que separaba su cordura de la locura, pudo distinguir el perfil de una mujer oculto su rostro por un velo. Portaba una jofaina de madera llena por las heces que cada día tiraban sobre él. “Quítate el velo mujer, que vea bien quién es la que tira mierda sobre su cuerpo”, escuchó Abram.

La mujer de Abram temblaba, con su rostro descubierto pero a la vez oculto por un fino manto de lágrimas, portando sobre sus manos los desperdicios que la obligaban a lanzar sobre el único hombre al que había amado. Sintió una punzada en la espalda, la lanza que la obligaba, los ojos de su marido desde el interior del agujero le pedían que hiciera aquello que la obligaban, “por favor” la imploraba, “haz que acabe esta tortura cuanto antes”. En el vientre de la mujer la aún no nacida comenzó a llorar, lloraba y se revolvía en las entrañas de su madre, empezaba a capturar todo el dolor del mundo, y de este modo su madre empezó a sentirse mejor, la niña, que en otro tiempo sería conocida como víscera, ya comenzaba apresar el dolor del mundo. Su padre Abram, que estaba siendo bañado por las heces de los saduceos, pudo ver los movimientos de la niña que estaba siendo engendrada, pudo sentir que junto a las excreciones vertidas por su propia esposa algo frío y rígido chocaba contra su cabeza, pudo palpar con su mano que su mujer le había podido lanzar una piedra tallada con un filo de cerámica.

Esa noche se pudieron oír los gritos desgarrados de la mujer de Abram. La hija de Abram quería nacer aun adelantándose tres meses a la fecha asignada a su nacimiento. Aquella noche en la que Abram, en su foso, sostenía con ambas manos la daga que terminaría con su tormento, su hija quería nacer. La niña que veinticuatro siglos después sería la que habría de enfrentarse a todos los terrores del mundo.

@el_rasurador

jueves, 1 de noviembre de 2012

Todos los terrores del mundo

Especial Halloween
Os ofrezco una historia perteneciente al universo de TODOS LOS TERRORES DEL MUNDO, aparecen personajes a los que les tengo un especial cariño. Espero que aceptéis esta invitación a viajar con ellos el día de todos los muertos. 
A.V. El Rasurador




La niña conocida por todos como Víscera estaba aquella fría mañana de invierno sentada en uno de los bancos de la Estación Permanente. En el mismo banco se encontraba junto a ella una anciana bastante envejecida pero de menor edad, intentaba hacer un gran esfuerzo para no hablar con ella. 

-                    -Niña, que pena que tan pequeña tengas que estar en esta estación.
-                    - No se preocupe señora, yo no soy como vosotros.
-                   -¿Y a quién estás esperando? - preguntó la anciana con un interés real.
La niña Víscera pudo ver como la mano de la anciana se elevaba y acercaba peligrosamente a rozar su propio brazo de forma afectuosa. Al ver sus intenciones, Víscera se retiró un poco más, al final del banco, para estar lo suficientemente alejada de aquel roce, lo único que no necesitaba en ese momento era sentir el dolor de aquella anciana, dolor que le trasmitiría con ese contacto. 
-          -Estoy esperando a mi amigo Jonás, dentro de poco llegará y es mejor que me encuentre aquí.
En la Estación Permanente no se escuchaban gritos, ni risas, incluso no se escuchaban las conversaciones de los demás que esperaban la llegada de un ser querido. Todo parecía silenciado aun estando bastante concurrida. El único sonido que todo el colectivo de seres que se encontraban allí escuchaban era el tintineo, tintineo que indicaba la llegada de un nuevo pasajero. Había muchos andenes, trenes que veías llegar, muchos de ellos sin dejar pasajeros, y en muchos otros en los cuales sólo subían personas. La llegada de un nuevo tren hacía a la niña Víscera sentir un fuerte escalofrío acompañado de una profunda tristeza, debía contener sus lágrimas, ya tendría tiempo de refugiarse en ellas cuando su amigo descendiera al anden donde ella esperaba.

Jonás miraba por la ventanilla del vagón, mientras María reposaba su cabeza sobre su hombro. Jonás, sin dejar de mirar a los bosques que se sucedían, acarició el rostro cálido de ella, apartó su pelo largo y liso de su rostro, acercándose para darle un beso en la mejilla. María le sonrío, anunciaron la próxima estación, y su gesto se tornó en condena. Volvía a ocurrir, pensó Jonás, ya no sabía cuantas veces podría soportar de nuevo aquello. La besó suavemente en los labios y ella tembló al sentir su aliento gélido.
-            - Te quiero con locura María, no importa cuantas veces tenga que subir a este tren, volveré a hacerlo hasta que puedas reunirte conmigo
-           - Lo siento, amor, el tren se está deteniendo y él va a subir. Te amo. – Al decir esto fue ella quién se abalanzó sobre los labios de él con una ligera caricia de su lengua.
-             - Hasta mañana.
El tren ya estaba parado y él no podía soltarla de la mano, las puertas se abrían y él no podía dejar de mirar aquellos ojos miel, se abrían las puertas, se abrían de nuevo, se abrían y él ya se había marchado.  
El marido de María subió al mismo vagón. Como una costumbre arraigada de tantos años de matrimonio le dio un beso sin entusiasmo y se sentó a su lado.
               - Vaya día de locos, trabajo, trabajo y trabajo… no me dicen que hoy, bla, bla, bla
Ella no escuchaba, ella sólo evocaba ese último beso, la caricia, las palabras de Jonás, se maldecía por todo aquello, por ser una cobarde y no ir corriendo a los brazos de la persona con la que realmente quería estar.
Jonás se detuvo antes de llegar al final del vagón, se giró y volvió al lugar donde momentos antes había dejado a María. Ya estaba sentado el marido, pero no le importo y se sitúo frente a ellos. Ella al verle se sobresaltó, pero rápidamente se calmó al llegarle una vocecita que le dijo: “pero si tú marido no le conoce, tranquila”. Jonás le sonrío descaradamente. Mientras el marido hablaba sobre sus logros en el trabajo y secaba el sudor de sus manos sobre las rodillas, María se pasaba su lengua por sus labios sin dejar de mirar a Jonás. Jonás quería lanzarse hacía ella, acariciar sus pechos, abrazarla, besarla, atraparla y llevársela lejos, muy lejos de allí. María pasaba una de sus manos cerca del muslo, se reía de aquella situación tan peligrosa pero a la vez excitante. “te quiero” dijo Jonás sin emitir ningún sonido y ella movió sus labios dándole un “yo también”.
-      
           - ¿Me estas escuchando? – la voz ronca desagradable de su marido la sacó del estupor, con cierto rubor le contestó.
-              - Claro, pero si te soy sincera me aburren tus cosas del trabajo.
-               - Creía que era importante para los dos.
-       - Siempre estás con lo mismo, me tienes tan aburrida que podría enamorarme ahora mismo de cualquier otro y ni te darías cuenta – señaló a Jonás – por ejemplo de ese joven.
-        - ¿De ese? – el marido de María soltó una sonora carcajada – pero como vas a querer más a un desconocido que a mí, no seas estúpida.
Jonás tenía que bajarse, le dolió mucho escuchar ese insulto, pero debía bajarse, sino no podría hacerlo nunca más y la perdería para siempre. “Hasta mañana” se despidió de ella sin sonidos.

-          - ¿Ya llega el tren de su amigo? Creo que el de mi esposo va a tardar aún varios días. – A la anciana le inquietaba lo silenciosa que era la niña y la poca conversación que le ofrecía.
-            -Ahora le toca el turno a un tren sin parada, el de las ilusiones.
-              -¿Y su amigo en cuál viene?
-               - El de los Recuerdos Vivos.
-                 - Ah, ese es el de mi marido, pero aún no creo que venga, el médico ha dicho que esta estable.
El Tren de los Recuerdos Vivos llegó a la estación dibujándose a medida que sus ruedas se adentraban en la dársena. La niña Víscera suspiró, y cogió aíre, sentía ya el dolor y el sufrimiento de su amigo mucho antes de haberle abrazado.
Jonás al abandonar el vagón se derrumbó. Víscera pudo sostenerle entre sus brazos, los dos lloraron, los dos sintieron el amor por María, y el odio por su marido, la tristeza, alegría, amor, pasión, desolación, todo se conjugo en embates de sufrimiento.
-            - La he tenido que volver a dejar en el tren con ese, después de lo que me ha hecho y ese miserable ni se acuerda de mí.
-        - Jonás, estoy haciendo todo lo posible para traerla con nosotros, por el momento sólo hay una manera...
-                - Matarla – Jonás apretó con más fuerza a su amiga contra su pecho.
-                - Pero sabes que no te van a dejar, ni el Ausente ni el Huésped te dejarán matarla, despojarla de su vida para poder bajarla del tren.
-                 - No, y mientras tanto volveré a subir día tras día, a besarla, acariciarla, escuchar su voz, y lo peor de todo, volver abandonarla, abandonarla con mi asesino.
La niña Víscera no dejó de abrazarle, aunque él le estuviera transmitiendo su propio dolor, ese sufrimiento profundo que anidaba en su corazón.
01/11/2012

@el_rasurador