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domingo, 16 de diciembre de 2012

Sir Rodrick. El viaje continúa.

Y antes de empezar su marcha
Ser Rodrick cogío su hacha,
Y gato le reprendió. 

-Primero deberías saber
Que por ese arma coger
Podrían detenerte. 

-Porque iban a detenerme
cuando he de defenderme
Y no hay otro que lo haga. 

-En eso equivocado estás
Pues he de decirte más
Ya hay quien nos defiende. 

>>Por muchas acepciones los oirás
Y probablemente no entenderás
Pues de pitufos a maderos son llamados. 

>>Causan daños severos y con mucha intención
Pues con gran precisión
De nosotros mismos nos protegen. 

-Pues cosas hay que no comprendo
¿Porque os han de proteger causando daños severos?
¡Eso es horrendo! 

-Solo tiene una explicación
Y es que, el gobierno por temor
Nos ataca para defenderse. 

-¡Oh! dime gato que yo no entiendo
Que dices que es eso del gobierno. 

-Es una muy acomodada institución
Donde dinero roban un montón
Mientras nosotros empobrecemos. 

>>Cada vez dan mas problemas a trabajar
Las casas nos quieren quitar
Y aún así nos dicen libres. 

-Pues pienso yo que eso no es gobernar
Si en una época moderna hemos de estar
Porque lo que estás describiendo es mi reino. 

-Bueno sir Rodrick déjame enseñarte
Que quedan aún muchas cosas por delante
Y acabas de empezar el día. 

Y así se fueron gato y guerrero
Andando despacio pero con esmero
Y dejando aún cuestiones en el aire.

@David_Jabas 

domingo, 2 de diciembre de 2012

Sir Rodrick



Nadie sabe cómo se hizo, ni qué hubo de pasar.
Apareció sin previo aviso, alterando a los demás.
En esta historia se cuenta, lo que hubo de pasar
Cuando Sir Rodrick de Felgard, nos vino a visitar.

Mañana fría era pues, cuando Sir Rodrick se encontraba,
Bañado en la sangre, que sus victimas dejaba.
Andando por la batalla, ya ganada esta estaba.
Cuando de pronto un mal dolor sintió ahí en la espalda.

Sus ojos tornaron blancos, su tez al amarillo.
Sir Rodrick cayó, y sintiendo un gran frío dijo.
-A ti y a los tuyos daré muerte, ándate con cuidado
Pues contigo no se juntará la suerte, y te veré al otro lado.

Sir Rodrick despertó, después de mucho haber dormido.
Sin dolor se levantó, con un salto y muy buen juicio.
No sabe donde apareció, pues eso no lo conocía.
Un poco retrocedió, para saber lo que allí había.

-Mil demonios y mil centellas, esto yo no lo conozco.
¿Dónde estoy? ¿Dónde me encuentro? Solo espero no hallarme muerto.
Y casi sin aliento, se sentó de nuevo, para otra vez levantarse.
Y así avanzó Sir Rodrick, por Madrid y sus calles,
Esperando encontrar algo bueno que aguardase.

Por una calle se metió y en el suelo vio una “armadura”.
-¿Qué será eso? ¡Oh Señor! ¡En mi vida vi alguna vez una!
En el suelo junto al “yelmo” vio un gran gato negro.
-¡Oh! Dime animal ¿Qué demonios es todo esto?

El gato respondió, con un maullido lastimero.
-Pues no puedo creer yo, que esto sea un vertedero.
El gato maulló, esta vez algo más alto.
Y esto respondió Sir Rodrick.
-Digo que donde ves basura, oh amigo, yo veo una armadura.

El gato, su cabeza sacudió de un lado a otro.
-No Sir Rodrick no, esto no es una armadura.
Aunque te lo cueste creer, la gente, aquí, tira su basura.

Y Sir Rodrick dijo.
-¿Cómo he de sobrevivir en un mundo que desconozco?
Muros altos dan alarde, con ventanas por todas partes
De seguridad y un gran confort.
Y si me dices que eso, basura ha de ser,
¿Por qué yo veo de comer, donde dices que es desperdicio?



-No es por puro vicio. Sir Rodrick. Pues los humanos aquí
Sin acabar su comida, la tiran.

-Yo la verdad no me quejo,
Pues has de saber que lo que yo dejo
Otros vienen a comer.
Así que acompáñame Sir Rodrick por Madrid
A ver qué vemos por aquí
Y así poder enseñarte.

@David_Jabas

jueves, 15 de noviembre de 2012

El sonido de la guerra



Ya nadie puede oírme. Es una pena. Habría sido útil para la sociedad. Ya ni gritar sirve de nada.

Quería viajar, conocer mundo. Treinta años he llegado a tener, y no he salido de España nunca. Me tendría que haber ido con mi madre a Francia cuando tuve la oportunidad, pero decidido a encontrar trabajo me quedé. De todas maneras la guerra desolaba todos los países, así que daba lo mismo donde se encontrase uno.

No habían pasado ni cinco días desde que se fue mi madre cuando comenzó el bombardeo. Yo estaba en el mercado comprando la comida de esa semana, y ya de paso preguntando si en alguno de esos establecimientos podrían precisar de mis servicios cuando empezó. Lo primero fue un rumor en el aire. Un pequeño ruido que, al estar tan acostumbrado al sonido de la guerra ni le di importancia. El sonido procedía de los aviones sobrevolando la ciudad, pero fue lo que vino después lo que me asustó. Aquel silbido de las bombas cayendo y destrozando todo a su paso.

El fuego comenzó a extenderse y el humo a elevarse sin permitir la visibilidad.

En uno de los pequeños resquicios del cielo, en los que aún no había humo, pude distinguir un avión alemán.



En ese momento no pensé en mi padre sino en buscar un refugio, y fue una mujer del mercado la que me gritó para que corriese hacia él. Pero entonces titubeé, pues no sabía si ir en busca de mi padre o correr a salvar mi vida. Mi padre era todo lo que tenía ahí, pero si yo moría no tendría nada. Así que corrí a salvarme.

Ya resguardados podíamos escuchar la gente gritando, las bombas cayendo, y cada vez que lo hacían el suelo retumbaba y de entre las tablas caía un poco de arena.

La luz consistía en unos pequeños farolillos que recorrían el pequeño refugio.

Allí estábamos pegados los unos a los otros, no había espacio para moverse, y una sensación de agobio reinaba (aunque ahora mismo no me puedo quejar del espacio que allí tenía). Y así pasamos tres intensas horas. Tres horas de constantes bombardeos a la ciudad. Mientras que de vez en cuando se oía el ruido de un arma siendo disparada con violencia. ¿Pero que arma no contiene de eso? Y de pronto, se hizo el silencio.



Cuando salimos de allí estaba todo destruido. El fuego reinaba en la ciudad y no quedaba casa en pie o a merced de llamas.

En vano fui corriendo a casa, pues ya desde lejos empezaba a intuir un amasijo de cimientos en pleno proceso de carbonización. Cuando llegaron los bomberos ya era tarde, el pueblo conocido por el nombre de Guernica había pasado a mejor vida.

Lo que quedó de día lo pasamos ayudando a la limpieza y la extinción de los fuegos, este último el más importante de todos, ya que los bomberos tardaron mucho en llegar desde que se dio la voz de alarma.

Al principio por los daños causados se estimaron más de 1.600 muertos. Ya no me preocupaba buscar trabajo, ni encontrar a mi padre, pues sabía que lo único que encontraría serían sus restos carbonizados, si no servir de ayuda en esta tragedia. Ese fue el error. Tendría que haberme ido a Francia cuando tuve la oportunidad. Ya era tarde. Quería conocer mundo… ¿Lo he dicho ya? Da igual. Nadie me escucha. Están todos muertos. Enterrados conmigo. No se cuántos hay, pero seguro que muchos. Ya de nada sirve gritar.

De tanto trabajar me llene la cara de carbón y suciedad.



(De nada sirve gritar).



¿Porque tuve que desmayarme justo cuando entraba en esa casa medio derruida? No recuerdo que se hubiese caído. No recuerdo haber quedado atrapado

Ya de nada sirve gritar.

Mi boca está llena de tierra. Apenas puedo moverme. Siento una gran presión en el pecho. Noto la tierra recorrer mi garganta. Puedo sentir prendas con mis manos. Noto el sabor de la tierra. ¿Solo existe eso? Creo haber tocado una oreja. La nariz se me está taponando. La arena se mete por donde puede. Si busco bien puedo sentir carne. Pero siempre noto la tierra.

Cada vez que gritaba la boca se llenaba. En cada respiración lo único que obtenían mis pulmones era arena. Cada toma de aire es un sufrimiento. Mis ojos siguen abiertos y noto un dolor punzante en ellos.

Ya de nada sirve gritar.

De vez en cuando puedo escuchar un avión pasando por encima. Mi padre. ¿Donde estará mi padre? ¿Y mi madre? Se fue a Francia. ¿Porque me dejó aquí? Donde, por todas partes, se escucha el sonido de la guerra, y donde ya, de nada sirve gritar.

@David_Jabas

jueves, 1 de noviembre de 2012

Otra historia de amor


Se puede ver una gran azotea. Normal, como tienden a ser las azoteas. Cuatro esquinas  y los lados que daban al vacío. Pero lo que más resaltaba de todo, a parte de la puerta que daba al hotel, era la piscina que había en el medio. Era una piscina pequeña, pero envidiable para muchos. Se notaba que había sido recientemente limpiada pues el agua se hallaba clara y en calma. Ahí también se puede observar lo que parece una pareja, y uno de ellos ayuda a salir al otro de la piscina.
Recuerdo haber nombrado una puerta. Pues bien no hará quince minutos desde que la pareja entró por ahí para darse un chapuzón. Esta pareja tenía en mente casarse en un par de días, y estaban celebrando su pre-luna de miel. ¿Qué es eso? A mi no me pregunten yo digo lo que él piensa.

Antes de que él la ayudase a salir de la piscina, estuvieron ahí jugueteando tonteando y demostrando su mutuo amor el uno por el otro.
Con mucho cuidado fueron ellos a tumbarse en una gran toalla estirada en el duro suelo. Allí cabían los dos. A cada lado una copa rellena de champagne. Pero un gran problema había que le impedía a ella beber. Tristeza era su nombre, y su cara estaba completamente descuadrada por ella. Él en cambio bebía y bebía y nada ni nadie podía pararlo, así que ella no tuvo intención de hacerlo.
Pero entonces él se dio cuenta. Vio su rostro y el suyo se contrajo con el de ella, con su visión.
-No amor- dijo- no te perderé, no estés triste por ello, nunca dejaré que me separen de ti.

Así que para cambiar aquel triste rostro por uno sonriente comenzó a contarla la vez que se conocieron.
Para acomodarla él apoyó el codo izquierdo en la toalla y la trajo hacia si para pasar con más facilidad el mismo brazo por la espalda de ella, y así de esta manera reforzar el sentimiento con un abrazo.
La besó en los labios, y comenzó.

-¿Recuerdas como nos conocimos? Fue en la playa de Benidorm. Yo sentía la arena caliente bajo mis pies, una suave brisa parecía bailar conmigo esa mañana, y las olas se mecían en la mar. Entonces… Te vi. A lo lejos. Dentro del agua. Te ahogabas.
Nadé hacia ti. Cuando llegué tú ya te habías hundido un poco, por lo que me di prisa para sacarte de ahí y reanimarte. Tenía miedo de rozar tus labios e intoxicarte con los míos. Pues amor, yo en comparación con tu belleza y tu ser no era más que veneno.
Pero tenía que ayudarte rápido pues te perdía. Mis labios se acercaron a los tuyos, y comencé a reanimarte. Nuestro primer beso fue el que te devolvió la vida, y entre toses y espasmos me miraste, me abrazaste, y como pudiste me diste las gracias para después desmayarte. Mientras tú permanecías inconsciente te dije que te quería. En ese momento te juré amor eterno según te llevaba al coche de camino al hospital. Pasé un par de días contigo hasta que te dieron el alta y cuando todo pasó te llevé a casa. Allí te expliqué mis sentimientos y te pedí que fueses a vivir conmigo. Tú aceptaste. Así pasamos felices cinco años hasta que, hace poco, conseguí el valor de pedirte que te casaras conmigo. Ahora míranos, tan felices los dos. Queriéndonos como siempre lo hicimos. Porque amor, nos conocemos desde siempre, estábamos destinados. Mi destino era salvarte. Pero ahora no puedo. Tu silencio me lo impide, y no puedo darte vida.
Y aquí yaces, en mis brazos de nuevo.

Ahora observamos, podemos ver la realidad que nos rodea, pero, ¿esto lo es? Vemos la mirada perdida en los ojos de ella, y como su cuerpo comienza a palidecer. Él la vuelve a besar en sus morados labios.
Vemos como él mira al horizonte. Mira fijamente a la puesta de sol y el astro comienza a quemarle las retinas, pero no le importa porque esta recordando. Recuerda el susurro de las suaves olas estrellarse y romper contra las rocas allí en Benidorm. Recuerda la arena bajo sus rodillas y las manos sobre el pecho de la chica ahogada intentando reanimarla.
Volvió de nuevo a aquella piscina pero para quedarse poco tiempo, pues rápidamente dejó el cuerpo de la que iba a ser su futura esposa tumbado en la toalla.
Se encaminó hacia uno de los lados de la azotea. Miró atrás. Susurró un te quiero. Saltó.
Sentía en la caída la arena a su alrededor, cerro los ojos, pero cuando llego a bajo no murió.
Cuando los abrió estaba de nuevo en la playa, sentía la brisa y la humedad en el ambiente. La arena le raspaba las rodillas, y la visión de la chica tumbada sin poder levantarse desgarró su alma.

 PeJota @David_Jabas