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jueves, 25 de octubre de 2012

El día de mi boda

El día de mi boda - Ilusiones de tinta



El día de mi boda, cuando me desperté, no me quise levantar. Tenía que haber echado cuenta a esa señal de mi cuerpo… O no, ¿quién sabe? El caso es que no lo hice.

Al levantarme, me bebí dos cafés y me fumé dos porros, para estar bien anestesiada. Los días de boda son largos. 


El que era mi novio entonces, con el que llevaba viviendo 6 años y del que ya era pareja de hecho (que no vale para mucho esto, pero como soy roja, me hice…), se había ido la noche anterior a dormir a casa de una de mis dos suegras. Porque yo tenía dos, la de verdad y su hermana, buenas mujeres, siempre nos gustamos. Lo único que me decían continuamente era: “Hija come que estás muy flaca” por lo demás, no se metían en nada.


Yo, dormí sola...


Nunca quise casarme en verdad, ni tener hijos, ni nada de esas cosas por las que mueren las mujeres convencionales. Yo tengo otros parámetros. Pero me casé, porque un día él me dijo: “Bicho, los hombres de mi familia se mueren y dejan viudas, yo no te quiero desamparada. ¿Nos casamos?” y como me asusté y me creí como una pava, que una mujer sóla a los 26 años está en desamparo, dije que sí. Bueno, que le quería mucho también, pero nunca me había hecho falta un papel.

Una amiga que tenía en esa época, me trajo de regalo el ramo, de rosas blancas y mi padre vino a buscarme con un BMW rojo que tenía entonces, decorado, que daba un mal de verlo tan sólo, lleno de flores de azahar. Yo le dije “No tengo intención de engañar a nadie pápa”, pero él ni me escuchó; como no tengo hijos, hoy por hoy para él, sigo siendo Virgen… En fín.

Llegué al juzgado… Y mi “prometido” (jajaja, que cursi suena) no estaba. Ni su familia, ni la de mi padre (que llegó a banquete comenzado, porque se perdió), estaba mi prole materna nada más. Bajé del coche y me encendí un Marlboro, ese día me di el lujo. El a día de hoy mi ex marido llegó en el segundo pitillo y me dijo: “ ¿que haces aquí?”, “Esperarte cabrón” le contesté yo.

Entramos justo cuando empezaba a diluviar; mi suegra decía “Ay hija que con lo que tenemos encima, nadie ha llevado los huevos a las Clarisas” . como mi suegro recién había muerto y mi cuñado iba a fallecer, pues lo entendí; ni siquiera invitamos amigos a la boda, que se enfadaron unos cuantos; sólo familia… Familia, que no llegaba. Mi otra suegra, decía: “Agua en la boda, novia llorona” y yo, estaba en shock, tal cual. Con ganas de… De correr

Antes del banquete, porque las bodas civiles las espabilan rápido, mi madre, que estaba enferma, se fue a casa. Mi marido ya, se marchó a un bar a empezar el matrimonio con libertad y espacio… A emborracharse…. Y ahí me quedé, con mis dos suegras hablándome de la mala suerte que tenía de que estuviera lloviendo; hubo un momento en el que no pude más y me fui a llorar sola al baño, vestida con mi traje de minifalda vintage en tono crudo, rollo medio francés, rollo medio yeye y sentada en una taza de water.

En el banquete mi padre empezó a sonreír, cuando ya estaba su familia. La poca de mi Marido y mi familia materna ya estaban borrachas y mi suegra, lloraba cada vez que miraba a mi cuñado. Decidí después de la paletilla de cordero, salirme a la calle a mojarme en soledad bajo la lluvia y a resistir el tirón fumándome otro chisme. Entré ya cuajada.

Ya que lo menciono. ¿Lo que me gustó de mi boda más que todo? El menú, que lo elegí yo, como cada cosa, porque a mi ex, le daba un poco igual y “confiaba” en mis decisiones y estaba muy cansado del trabajo. Así que escogí lo que quise.

Tablas de Jamón 5J y culares de Salamanca, Langostinazos cocidos y a la plancha, verduras a la brasa, paletilla de lechal de Ávila y tarta de chocolate blanco. Café y copazos. Lo típico de siempre, lo que creo yo, que tiene que haber en un convite.

De regalo, dimos ceniceros de mariquitas y marlboros de 10 unds a las chicas; a los hombres puros de Romeo y Julieta y a mis primos, porros...

Con lo que sabía, hice lo que pude. Al final, no estuvo tan mal; unos pocos lloros, un poco de abandono post marital; pero bueno, que nadie se pegó.

A mi casa después, se vino media familia de fiesta, con cola de primos en el baño… Hasta que llegado un momento, supongo que por todo a la vez, empecé a delirar, con 39’5 grados de fiebre y se marcharon tod@s a un bar.

Esa primera noche de casada, dormí sola de nuevo, mi marido estaba tan pedo, que se durmió en el sofá. Aguanté 11 meses.

Dedicado con el alma a ti Carmelete

Cristina Solano

@ropadeletras

2 comentarios:

Javier García

Muy bueno.Un fiel reflejo, de lo que muchas mujeres, y algunos hombres,aún sin admitirlo, piensan y sienten en el día de su boda.

Sara

El día de mi boda estuvo mejor, sobre todo por los kilos de arroz, macarrones y espirales de pasta que nos encontramos en la cama y la almohada.
Hasta vino mi padre que no soportaba por nada del mundo a mi ex...
Los siguientes años fueron lo que viene siendo una pérdida de tiempo y otras muchas cosas que no es plan de que el comentario sea más extenso que tu entrada en el blog.
¡Vivan los novios! xD

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